“Hay que demostrar a los niños que los científicos somos de todos los géneros, colores y edades”: Laura Roberts, geóloga apasionada por la comunicación

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Imagina por un momento que vuelves a tener ocho años. Entras en una tienda de ropa y vas a la sección infantil. ¿Qué dibujos verías estampados en las prendas de niñas? ¿Y en las de los niños?

La geóloga Laura Roberts lo tiene muy claro: “Cuando compras camisetas de niños, encontrarás dinosaurios o astronautas en los estampados; en las de niñas hay unicornios y princesitas. Les inculcamos que los niños pueden hacer estas cosas tan guays de ciencias, y que a las niñas tienen que gustarles las princesas y las hadas.

Esto puede parecer un detalle sin importancia, pero es parte de las referencias culturales con las que crecemos de pequeños y que nos transmiten sutilmente el siguiente mensaje: las ciencias son para los chicos, las humanidades para las chicas, una creencia contra la que Laura, doctora en el campo magnético de la Tierra, lleva luchando ya unos años.

“Cuando preguntas a un niño cómo es un científico, te describen a Einstein, no a una mujer”

Laura (Johannesburgo, 1985) creció entre Sudáfrica, España e Inglaterra, fascinada por el estudio de las ciencias de la Tierra. A los dieciséis años, sus profesores y la directora de su colegio trataron de convencerla a ella y a sus padres de que eligiera el bachillerato de Letras porque sus notas en esas asignaturas eran algo mejores; por suerte, no lo consiguieron. Después de graduarse en Geología por la Universidad de Liverpool, esta geóloga de madre catalana y padre inglés, comenzó a dar charlas en escuelas y museos para animar a las niñas a estudiar ciencias.

Hoy vive en Múnich, donde trabaja en el equipo de comunicación de la Unión Europea de Geólogos, que es una plataforma que facilita conexiones entre los geólogos europeos: “Durante todo el año nos dedicamos a la divulgación del trabajo de nuestros científicos, y también organizamos la conferencia de geólogos más grande de Europa, que tiene lugar en Viena en abril.”

Laura recuerda que en su época de estudiante en la universidad, más de la mitad de los alumnos de Geología eran hombres. “En Medicina y Biología hay más mujeres, igual que en Enfermería. En Química hay más o menos un equilibrio, pero carreras como Física, Matemáticas, Geología, o las ingenierías, están dominadas por hombres.” Según ella, los motivos por los que las jóvenes suelen decantarse por estudios de letras son muy complejos. Culturalmente, las ciencias han sido de hombres y las letras de mujeres, aunque es una generalización. Esto sigue muy patente en la sociedad.”

Cuando Laura vivía en el Reino Unido, colaboraba como voluntaria con dos organizaciones que promovían el papel de las mujeres científicas. Una de ellas era STEM Ambassadors,  que es un programa a nivel nacional, y la otra era Science Grrl. Su trabajo consistía en dar charlas en institutos, hablar de su experiencia como científica, acudir a festivales de ciencias y organizar eventos. “En los institutos pedíamos a los alumnos que describieran el aspecto de un científico, y nos decían que imaginaban a un señor mayor, barbudo, con gafas, bata blanca y pelo alborotado, como Einstein. Las chicas sobre todo piensan que las ciencias no son para ellas, no crecen con la imagen de una científica. Además, en la edad escolar las ciencias se suelen considerar más difíciles, y tendemos a pensar que los chicos son más hábiles que las chicas. El trabajo está en demostrarles que los científicos son de todos los géneros, colores y edades. Pero es un problema complejo; hay que romper estas barreras.

“A nivel académico, las científicas tienen que sacrificar mucho; los hombres persiguen su sueño un poco más”

Laura en el Río Grande en Nuevo México (2006), haciendo rafting para llegar a unas lavas.
Laura en el Río Grande en Nuevo México (2006), haciendo rafting para llegar a unas lavas.

Estas diferencias entre hombres y mujeres son todavía más evidentes en el ámbito de la investigación científica. “En muchos departamentos de Geología en las universidades, la mayoría de los profesores e investigadores son hombres, especialmente en las plazas fijas, aunque depende del departamento. Los motivos por los que no hay mujeres científicas cambian con la edad. A nivel académico, las científicas tienen que sacrificar mucho.” Laura explica que solo dos de las diez compañeras con las que hizo el doctorado siguen trabajando en la universidad; sin embargo, cuando le pregunto por los hombres, me responde que todos sus compañeros de esa época siguen investigando.

¿A qué se debe esta diferencia? “Este es un problema en todas las ciencias. Los doctorados son mano de obra barata, en comparación con alguien fijo en la plantilla. Cuando acabas el doctorado has de hacer uno o varios post-doctorados, que son contratos cortos, normalmente de un año a tres, y se valora mucho que te muevas de universidad a universidad. Pero los post-doctorados son muy competitivos, y se tiene muy en cuenta que durante tu doctorado hayas publicado artículos de calidad, y cuantos más mejor. Las mujeres no suelen llevar bien esta incertidumbre de no saber dónde van a estar en los próximos años, porque si quieren quedarse embarazadas necesitan una estabilidad. Además, el tener un hijo supone dejar de trabajar unos meses y no publicar nada en un tiempo, y la gente te adelanta.

El caso de Laura es interesante, ya que está casada pero su marido no tiene nada que ver con el mundo científico, y él sigue viviendo en Inglaterra debido a su trabajo. “Muchas veces, si un hombre es investigador y tiene pareja, ella suele estar más dispuesta a mudarse por él. Si los dos son investigadores, ¡es horrible! Cada uno tiene un contrato con una fecha diferente, en un país diferente… Hasta que encuentras una plaza fija, la vida académica es complicada, y los hombres persiguen su sueño un poco más. En el caso de España, a veces te cortan el doctorado por falta de dinero, conozco bastantes personas a las que les ha pasado. La gente no sabe en qué consiste la vida del investigador, se sorprende mucho cuando les cuentas cosas así.

Debido a las grandes diferencias entre hombres y mujeres en sectores como el científico, algunas personas abogan por establecer cuotas en las universidades para aumentar el número de mujeres en algunos grados, mientras que otras personalidades del mundo académico se oponen rotundamente a medidas de este tipo. “Creo que hasta cierto punto hay que tener cuidado con las cuotas”, opina Laura. “Se trata de tener a la gente que realmente quiere estar ahí. Lo principal es la calidad de los estudiantes, sin importar el sexo o la etnicidad. Creo que hay que hacer saber a los jóvenes que hay más carreras para estudiar aparte de las más tradicionales, pero tienen que elegir ellos. Una vez empiezas con la dinámica de las cuotas es un poco peligroso. ¿Cuándo paras con las cuotas? También hay organizaciones que trabajan para que estudiantes con menos recursos vayan a la universidad; hay mucho que hacer con muchos grupos de gente diferente.” 

“En los casos de machismo entre científicos hay de todo, y no distingue de edades”

Laura me comenta que ella no ha vivido nunca situaciones machistas en la universidad ni en el trabajo. “Yo he tenido muchísima suerte y nunca he tenido una experiencia así; nunca me han considerado menos a nivel intelectual. Ahora… Sé de muchos casos donde sí ha pasado, así que es un problema. He oído comentarios como «Porque es una mujer no es igual de inteligente» -aunque dicho con otras palabras-, o «No puede hacer tal cosa a nivel físico por ser mujer», refiriéndose al trabajo de campo, al que dedicamos mucho tiempo en Geología. Luego ya entraríamos en el tema sexual: desde acosos verbales, que han sufrido amigas cercanas, a tocamientos. En los casos de machismo hay de todo y no distingue de edades, porque no sucede solo con los catedráticos más mayores. Pero igual que hay hombres así, también hay muchos otros que denuncian y critican este tipo de situaciones y que promocionan el trabajo de las mujeres. En realidad es un tema del que se está hablando mucho ahora. No quiero imaginarme como sería hace diez o quince años.

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“Gestionar las redes sociales lleva muchísimo más trabajo de lo que la gente piensa”

Laura trabaja para la Unión Europea de Geólogos desde hace tres años. Es la encargada de dar a conocer las ciencias de la Tierra a través de las redes sociales, y de dirigir y editarlos diecinueve blogs de la organización.

La red social más importante en su trabajo es Twitter, ya que es la que les permite conectar con otros científicos, pero para llegar al público general la más efectiva es Facebook. “He aprendido que gestionar las redes sociales lleva muchísimo más trabajo de lo que la gente piensa”, reconoce Laura. “Si tienes un blog o negocio pequeño y quieres encontrar clientes a través de las redes sociales, necesitas una inversión de tiempo y dinero que no había imaginadoMuchas veces la gente se preocupa de añadir contenido, pero no dedica tiempo a ver si es efectivo. La mayoría de las plataformas tienen maneras de darte información sobre qué horas son mejores y quién lee los contenidos, pero creo que la mayoría de la gente no tiene esto en cuenta. Con media hora a la semana que dedicáramos a analizar el alcance de los posts, serviría, y así perderíamos menos el tiempoPor otra parte, las imágenes y los vídeos lo son todo hoy en día, y he tenido que aprender mucho de diseño gráfico para crear imágenes para las redes.”

Uno de los blogs científicos que Laura recomienda se llama Trowelblazers, escrito por científicas dedicadas a promocionar el trabajo de mujeres y otros grupos minoritarios en los campos de la arqueología, paleontología y geología. Recientemente, el periódico The Guardian publicó un artículo muy interesante sobre algunas de las científicas de Trowelblazers, hablando sobre su experiencia haciendo trabajo de campo embarazadas, un tema del que no se suele hablar en los círculos académicos. Laura también recomienda al periodista científico Ed Yong, que escribe con un estilo muy divertido para The Atlantic sobre temas científicos generales.

De científicos actuales pasamos a hablar de científicas a las que Laura admira, y me habla de Mary Anning, una experta en fósiles británica del siglo XVIII. Anning venía de una familia muy humilde de Dorset, y ella, su padre y su hermano se dedicaban a buscar fósiles y venderlos por grandes sumas de dinero.  “Para mí es una historia de superación, ya que esta mujer ni siquiera fue al colegio, y sabía muchísimo de fósiles“, explica Laura.

“Hay muchas historias individuales de mujeres que merecen ser contadas”

En realidad, Laura reconoce que a ella le inspiran no solo las historias de superación de científicas conocidas, sino las de muchas de las compañeras que ha conocido a lo largo de los años.

Todas ellas han tenido que luchar por seguir en el campo y hacer investigación súper importante, así que no hace falta ser famosa para que me inspiren, me gustan sus historias reales y auténticas. También me gusta mucho hablar sobre mis amigas que hacen investigación con las niñas que conozco, o en las charlas que he dado; hay muchas historias individuales de mujeres que merecen ser contadas.

¡Muchas gracias, Laura, por todo tu trabajo de divulgación científica, y por luchar por el papel de las mujeres en las ciencias!

 

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