La chef que tiraba tablas de cortar a sus enemigos

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¿Por qué una mujer no puede ser chef de sushi? Eso mismo debió plantearse la japonesa Yuki Chizui en el año 2010 cuando comenzó a trabajar en Nadeshico Sushi. Este restaurante es hoy en día el único establecimiento de sushi en Japón en el que todas las empleadas son mujeres.

Acudí a Nadeshico Sushi el pasado miércoles para cenar. El restaurante se encuentra en el barrio de Akihabara, que es una locura: imagina edificios cubiertos por anuncios de chicas manga y neones, y tienda tras tienda de electrónica, juguetes, disfraces y cómics. Aunque claro, lo que para mí es un agobio, para otros debe ser el paraíso.

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El barrio de Akihabara.

Entro en Nadeshico Sushi, y lo primero que me llama la atención de la chef y manager Yuki es su voz. Tiene una de esas voces potentes que se oyen a un kilómetro, y mientras prepara el sushi no para de hablar con los clientes. Esa noche solo hay tres, todos hombres. Yuki habla detrás de la barra y sigue hablando incluso cuando se mete en la cocina a por algo. Cuando se ríe, su risa tiene más personalidad que todos los que estamos allí juntos. Y también su risa es potente.

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La filosofía  y estética de Nadeshico Sushi se refleja en su lema: fresh and kawaii (algo así como “original y mono”), y también en el aspecto de Yuki y su empleada, que van vestidas con un femenino yukata, una versión más ligera del tradicional kimono, y pañuelos y flores en la cabeza. Yuki contó al periódico Japan Times que cuando abrieron el restaurante todas las empleadas iban vestidas con el uniforme blanco típico de los chefs de sushi, pero que nadie acudía al local porque carecía de personalidad propia. Así fue cómo decidió vestirse como le apeteciera y adoptar un estilo más femenino.

Nadeshico Sushi no fue fundado por Yuki, sino por el empresario Kazuya Nishikiori,  quien tuvo la idea de contratar a un hombre para cortar y preparar el pescado, pero a varias mujeres para atender a los clientes  y hacer el sushi -concretamente de entre 18 y 25 años, para darle ese toque “mono” imagino. Yuki, que ya había trabajado en restaurantes de sushi durante seis años recibiendo a los clientes, comenzó a trabajar en Nadeshico Sushi desde el principio, pero esta vez como chef y manager.

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La entrada a Nadeshico Sushi, con su lema “Fresh and kawaii”.

Aunque para aprender a hacer sushi se necesitan unos diez años, Yuki solo tuvo dos semanas de preparación antes de ponerse al frente del restaurante. Más adelante es cuando empezaron a aparecer problemas entre ella y el chef con el que contaba en la cocina, que al parecer quería “cortar el bacalao” de verdad y se comportaba como si él fuera el manager. En Nadeshico Sushi tuvieron que cambiar de empleado varias veces, y según el Japan Times Yuki llegó incluso a tirar una tabla de cortar a uno de ellos. Solo de verla esa noche la creo totalmente capaz de tirarle una tabla, un cuchillo o una katana a más de uno.

Yuki tarda un rato en servirme, y mientras, la observo a ella y a los hombres sentados a la barra. El que está a mi lado parece estar algo cocido, y no para de mirar el móvil. Cuando le digo a Yuki que soy española, otro cliente me dice hola, luego ciao, y finalmente o brigado. Debe ser que el sake que se está tomando ayuda a hablar idiomas.

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Mercado de Tsukiji.

En Nadeshico Sushi se respira un ambiente relajado y amistoso, pero por lo que ha contado Yuki en algunos medios esto no siempre fue así. Según The Diplomat, poco después de abrir el restaurante, a numerosos chefs con años y años de experiencia les daba por presentarse allí simplemente para mirar cómo preparaban el sushi y burlarse. Por aquella época, incluso cuando ella o sus empleadas iban al mercado de Tsukiji a comprar pescado debían aguantar comentarios de mal gusto por parte de los otros chefs. Según la BBC, Yuki tuvo que recurrir a la dueña de un barco tripulado por mujeres de la prefectura Yamaguchi para que le proveyeran de pescado cada semana.

Al acabar de cenar intuyo que Yuki ha tenido suficientes experiencias negativas con clientes, porque cuando le pregunto si puedo hacerle una foto me dice educadamente que no se puede. Me señala el menú, que indica que está prohibido sacar fotos a las chefs y que si deseas una foto suya tienes que pagar 500 yenes (algo más de 4 euros) por una foto hecha con una cámara Polaroid. Amablemente, declino la oferta.

Me pregunto qué tipo de mentalidad es la que impera en el mundo del sushi en Japón, para hacer que un establecimiento como Nadeshico Sushi sea algo totalmente único. Los chefs de sushi dicen que las mujeres no pueden ser dedicarse a esa profesión porque éstas menstrúan, lo cual afecta a su sentido del gusto, y porque la temperatura de sus manos es más elevada que la de los hombres, por lo que les resulta más complicado moldear el arroz.

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Este plato de sushi cuesta unos 24 euros.

Afortunadamente, en los últimos años se han puesto en marcha ciertas medidas para facilitar la entrada y la permanencia de las mujeres japonesas en el ámbito laboral, como las reformas que se hicieron en 1999 a la Ley de Oportunidad de Empleo. Una de las leyes que se abolieron ese año fue aquella que prohibía a las mujeres trabajar más tarde de las diez de la noche. Aun así, hay quienes piensan que es más fácil ser mujer chef de sushi en otros países -como los Estados Unidos- que en el propio Japón.

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Después de mi encuentro con Yuki me fascina pensar qué tipo de persona tienes que ser para hacer lo que ella lleva haciendo ya seis años. No me refiero solo a aguantar críticas por parte de otros chefs cuando vas al mercado, sino también a tener que lidiar con clientes maleducados en tu propio restaurante y a tener que defender tu capacidad para llevar a cabo tu trabajo tanto en los medios de comunicación como en tu día a día. Me fascinan su carácter, su personalidad y su valentía.

Cuando comento a Yuki que me encantaría entrevistarla, me hace algunas preguntas discretas para averiguar quién narices soy y, sobre todo, si escribo para un periódico o revista. Me da su tarjeta con su dirección de email, pero no parece muy convencida de querer ser entrevistada y se excusa diciendo que no habla bien inglés.

Aunque le he escrito dos veces no he recibido ninguna respuesta. Supongo que tendré que quedarme con la duda de qué es lo que la hace tan singular, aunque solo de ver cómo habla con todo el mundo y cómo se ríe, me queda claro: es de las que te tiran una tabla de cortar a la cabeza como intentes mangonearla. Olé por Yuki.

 

 

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