“Trabajé dos años en Palestina”: Audrey Coguiec, filóloga árabe defensora de la causa palestina

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Antes de viajar a Palestina ya sabía cómo era la situación política allí.

Había leído sobre la ocupación por parte del ejército israelí de Cisjordania y el este de Jerusalén, el bloqueo en Gaza, y la colonización israelí de los territorios palestinos. Aun así, ver todo esto con mis propios ojos fue un auténtico shock.

Allí me encontré con controles y asentamientos israelís, con el muro de separación, los campos de refugiados, las armas. Creo que la única manera de comprender realmente cómo son Palestina e Israel es ir allí y verlo por ti mismo.

Audrey Coguiec (1986, Francia) podría ser descrita como una ciudadana del mundo, pero vais a ver que ella es mucho más que eso. Ha vivido en Kuwait, Siria, Reino Unido, Palestina y Egipto, donde reside desde 2015 y estudia un máster en Ciencias Políticas de Oriente Medio. Audrey me parece una de esas personas que hace justamente lo que muchísima gente dice que no se debe hacer, porque es peligroso o porque no da dinero, y además actúa conforme a sus creencias.

De profesora en Inglaterra a conducir el Bibliobus en Palestina

Audrey estudió filología árabe en Inglaterra, y a continuación realizó el PGCE en la University of Exeter para ser profesora de francés y español. Aunque disfrutó mucho haciendo las prácticas como profesora, decidió volver a Francia una vez terminado el curso, y después de dos años allí se dio cuenta de que echaba mucho de menos el árabe.

Mi amiga Delphine llevaba un año en Palestina, y cada vez que me hablaba de sus experiencias en el país me daba muchísima envidia.

Un día le escribí un largo email diciéndole que me encantaría mudarme allí, y en seguida ella me puso en contacto con el director del Institut Français de Ramala. Dos meses después ya había dejado mi trabajo en Francia y  estaba en la ciudad palestina.

Así es como Audrey comenzó a trabajar en Palestina. Pasó los primeros nueve meses trabajando como coordinadora de eventos para el sector francés de la biblioteca del French-German Cultural Centre, para después encargarse del programa Bibliobus. El Bibliobus es una furgoneta que hace las veces de biblioteca móvil, y lleva libros en alemán y francés a escuelas del este de Jerusalén, de Cisjordania, y la Franja de Gaza en verano. Además, el Bibliobus organiza juegos y actividades culturales y educativas para estas escuelas.

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Audrey leyendo un cuento en una de las escuelas de Palestina.

Las escuelas que visité con el Bibliobus enseñan alemán o francés, y los alumnos suelen tener un nivel muy alto tanto de estos idiomas como de inglés -y árabe, por supuesto. También colaboré con Storytellers Without Borders y traje a artistas y músicos extranjeros para que actuaran en los colegios con el Bibliobus.

Algunas escuelas están en ciudades, pero la mitad se encuentran en lugares muy remotos, y a menudo el Bibliobus es la única manera que tienen los niños de acceder a libros o de practicar el idioma con alguien nativo. Cisjordania está llena de controles militares israelís, así que se necesita mucho tiempo para viajar de un lado a otro; además, la gente no suele dejar que sus hijos viajen solos porque tienen miedo de que los arresten o sufran algún tipo de violencia.

¿Cómo es vivir en Ramala?

Nada más llegar a Palestina me resultó muy fácil hacer amigos, y allá donde fui me sentí bienvenida. Me encantó vivir en Ramala. La cultura palestina es muy generosa y muy rica: la comida es deliciosa, la escena musical es realmente interesante y sorprendente, y también merece la pena conocer su folklore, como sus bordados o la danza dabke. Los palestinos están muy orgullosos de su patrimonio cultural y se preocupan mucho por preservarlo. A su vez, son tan fuertes; incluso en las situaciones más desesperadas siempre siguen adelante con  esperanza.

Desde entonces soy una gran defensora de la causa palestina. Siempre que puedo intento compartir mis experiencias allí con los demás para aportar otro punto de vista, ya que hay tantos estereotipos e ideas equivocadas sobre este lugar.

“En los medios se simplifica la situación en Palestina e Israel culpando a la religión de todo”

Pregunto a Audrey qué piensa de la situación política actual en Palestina, y me contesta que es una pregunta muy difícil de responder: Aquí hay un gran conflicto de intereses. A menudo escucho a la gente decir que israelís y palestinos llevan mucho tiempo luchando los unos contra los otros, y que nada va a cambiar.

Para mí, esta es una excusa para no tratar esta cuestión en profundidad, lo cual es no solo una actitud equivocada sino peligrosa que suele llevar a conclusiones simplistas como “el Islam es el origen de la violencia”, o “el Islam está en contra de la democracia.”

Para conocer la realidad en Oriente Medio hay que tener en cuenta muchos aspectos de esta región: la historia, la economía, las relaciones internacionales, la religión, la política. Por lo tanto, para opinar sobre este tema hay que hacer un gran esfuerzo personal, pero es la única forma de tratar de tener una visión más clara de los problemas que existen aquí. Desgraciadamente, la mayoría de veces que escucho un podcast o leo un periódico en el que se habla de Oriente Medio, echo en falta un análisis mucho más riguroso, y a menudo veo que en los medios se culpa a la religión de cualquier conflicto que haya en esta zona.

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“Es una equivocación asumir que todas las mujeres de Oriente Medio son sumisas o están oprimidas”

A menudo mis amigos franceses me preguntaban si debía ponerme el velo cuando vivía en Palestina, Kuwait, Siria o Egipto, y yo siempre les respondo lo mismo: en el mundo solo hay dos países donde es obligatorio llevar el hiyab, y son Irán y Arabia Saudí.

Como mujer occidental me resulta muy difícil hablar de la situación de la mujer en los países árabes, porque tengo tantas ideas preconcebidas sobre lo que es correcto o incorrecto debido a la manera en la que me he criado. Mis conocimientos sobre la igualdad entre hombres y mujeres se basan en mis experiencias y amistades con mujeres en los países en los que he vivido.

En Palestina, por ejemplo, tanto hombres como mujeres tienen acceso a la educación, y ambos sexos acuden a la universidad por igual. En Occidente normalmente retratamos a las mujeres de Oriente Medio como personas oprimidas y sumisas, pero yo he visto muchísimos casos opuestos a este estereotipo. Por supuesto, las sociedades de estos países son patriarcales -aunque, ¿qué sociedades no lo son?-, pero muchas de sus mujeres son fuertes, poderosas y dicen su opinión de forma activa y sin pelos en la lengua.

Te puedo hablar de unas cuantas mujeres palestinas que merecen ser conocidas, como Janna Jihad, una periodista de diez años que comenzó a realizar vídeos para divulgar noticias alternativas sobre la Tercera Intifada en 2015; Hanan Al-Hroub, la profesora ganadora del Global Teacher Prize en 2016; Shadia Mansour, la cantante británica de origen palestino que canta hip hop en árabe; o Nehaia Abu Nahla, la directora de Al-Qattan Child Center, el centro para la infancia de Gaza que cuenta con una gran biblioteca y organiza actividades culturales para niños menores de 15 años en la Franja de Gaza.

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Libros y películas sobre Palestina

Los primeros libros que leí sobre Palestina no son precisamente alegres, pero me ayudaron a tener un buen conocimiento básico sobre su situación.

Recomiendo el libro La limpieza étnica de Palestina (2006), del académico israelí Ilan Pappé, que ha recibido incluso amenazas de muerte en su país.También merece la pena el libro de mi antigua profesora Ghada Karmi, Married to another man (2007).

Una película que me gusta mucho es el documental de animación Los 18 buscados (2014), de Omar Shomali y Paul Cowan sobre un grupo de palestinos que intenta sacar adelante un negocio de leche durante la Primera Intifada. Hace poco vi la galardonada Omar  (2013), de Hany Aby Assad, que refleja cómo es vivir bajo la ocupación israelí.

Por último, me encanta el universo creado por Elia Suleiman en The time that remains (2009), que habla del nacimiento del estado de Israel en 1948 hasta la actualidad, con una familia palestina de Nazaret como protagonista.

Aquí puedes encontrar más películas y documentales que tratan el conflicto palestino-israelí.

El “barrio de chabolas” de los refugiados en Calais

Audrey me parece una de las personas más comprometidas, activas y coherentes que he conocido nunca. Durante el 2016 fue voluntaria en tres ocasiones en el campo de refugiados de Calais, Francia.

Este campo de refugiados no estaba reconocido como tal por la ley internacional del refugiado, y puesto que no contaba con las medidas de seguridad e higiene adecuadas parecía más un «barrio de chabolas». En ese momento había unas 10.000 personas viviendo allí.

Di clases de inglés y francés en una escuela-biblioteca llamada Jungle Books, principalmente a adultos de Sudán, Afganistán, Siria, Irak y muchos otros países. Poco después las autoridades francesas desmantelaron el campo, donde vivían incluso niños y menores sin compañía de adultos.

Esta experiencia fue un shock para mí. No podía creer que estuviéramos en Francia en el siglo 21 y que el gobierno fuera incapaz de tomar las medidas adecuadas para acoger a estas personas de una manera más digna. Los refugiados vivían en tiendas de campaña y sobrevivían principalmente del apoyo de voluntarios y ONGs.

Todos los refugiados que conocí aquí tenían algo en común: todos habían sido testigo de violencia y habían vivido experiencias realmente angustiosas, y aunque hubieran preferido quedarse en su país, esto ya no era una opción para ellos, sin duda alguna. 

Soy una defensora convencida del derecho de la gente a ser acogida dignamente en Europa cuando viene buscando una vida en paz. Después de mi experiencia en Calais, no paraba de quejarme de la lentitud con la que el gobierno francés estaba actuando, así que decidí escribir una carta al ayuntamiento de mi ciudad para preguntar qué medidas iban a tomar para acoger refugiados. Me respondieron de manera muy positiva y acordaron dar la bienvenida a dos familias de refugiados kurdos, que han llegado de Siria en febrero este año. Este es un ejemplo que demuestra que todos podemos hacer algo dentro de nuestras capacidades.

Una ONG que trabaja actualmente con refugiados en Calais es la británica y francesa Care 4 Calais, para la que los españoles Andrea y “Poeta Viscoso” han trabajado como voluntarios recientemente, y sobre la que han escrito en su blog Caminos de nadie.

La historia y el arrojo de Audrey me inspiran muchísimo.  Me pregunto adónde la llevará su conciencia en el futuro; seguro que muy lejos.

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